INTRODUCCION

La Transpirenaica en BTT. Doce etapas en solitario. Descripción, ficha técnica, fotografías, material necesario, alojamientos, consejos (Por Pablo Fernández-Cuenca-Spain)





Vista atrás al Coll de Riu
Descenso a Sadernes entre hayas
Escalada libre en el Barranco de Sant Aniol
Llegando a Sant Pau de Seguries
SÁBADO 28 DE MAYO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 89 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.427 m
Desnivel acumulado negativo: 1.520 m
Cota máxima: 975 m
Cota mínima: 43 m
Tiempo de bicicleta: 6 h 40 min
Velocidad media: 13,35 km/h
DESCRIPCIÓN
La carretera que une Figueras con Albanya nos acerca entre vastos campos de cerezos a esta pequeña localidad que nos abre las puertas de los Pirineos y del primer collado importante, el Coll de Riu, con duras rampas justo antes de coronar. Un largo descenso nos sumergirá en el profundo barranco de Sant Aniol. Es fácil que veamos colgados en sus roquedos a intrépidos escaladores que ascienden las moles de piedra buscando vías imposibles.
Pasaremos Sadernes y tras cruzar la carretera de Castefollit de la Roca a Oix, entraremos en La Garrotxa, comarca pirenaica de media montaña. Lo de media montaña es por las cotas que no superan los 1.000 metros aunque tendremos que emplearnos a fondo para coronar el Coll de Carreres con durísimas y largas rampas del 15%. Por si fuera poco, enlaza casi sin descanso con el inicio de la Collada de Sant Pau.
Desde Sant Pau de Seguries rodaremos por una especie de vía verde junto al río Ter, muy frondosa, cómoda y en ligero ascenso. En Camprodón nos espera un merecido descanso. Hay una oferta variada en cuanto a restaurantes y alojamientos ya que esta bella localidad es eminentemente turística. Bañada por el Ter, merece la pena andar por sus callejuelas y contemplar el puente de un solo arco sobre el río.
EN LA BICICLETA
Tras el montaje de la bicicleta y un copioso desayuno, parto a las 11 de la mañana desde Figueras por la carretera de Albanya. Apenas hay tráfico y soy testigo de la recolección de cerezas que abundan en la zona.
Estos primeros kilómetros me sirven de calentamiento para afrontar el primer puerto de la jornada. Voy cogiendo altura haciendo continuos zig-zag y la reducción del peso de las alforjas me permite coronar las duras rampas del Coll de Riu montado en la bicicleta, a diferencia del año anterior en que tuve que desmontar en los tramos más técnicos y pedregosos.
El descenso a Sadernes lo hago casi todo semi-sentado en el sillín para no castigar la rodilla. Tengo verdadero temor a que vuelva a ocurrirme lo del año pasado, teniendo que abandonar la Transpirenaica en el cuarto día por una tendinitis rotuliana.
He corregido unos errores del libro que también aprecié en mi anterior incursión. El GPS ha sido tranquilizador y preciso.
El segundo y tercer puerto de la jornada, el Coll de Carreres y la Collada de Sant Pau, pueden considerarse como uno sólo ya que está uno a continuación del otro. El valle es frondoso y el paisaje muy relajante. Las últimas rampas del Coll de Carreres son durísimas y he tenido que parar en el Hostal Vall d’en Bac a pedir agua para rellenar los bidones. Por suerte, la pasan por un serpentín refrigerante y aprovecho para beber toda la que puedo antes de continuar. Agradeciendo la amabilidad afronto los últimos metros del coll y sigo subiendo hacia la Collada de Sant Pau. Los últimos kilómetros se me hacen eternos y el calor es asfixiante. No paro de beber en toda la jornada y estoy exhausto.
En la collada, punto culminante del día de hoy, consulto en el GPS los datos de la ascensión y me estremezco con el dato de los dos últimos puertos: 36 kilómetros de subida. Sólo aquí podemos encontrar ascensiones tan constantes. Psicológicamente es agotador y afecta al rendimiento del ciclista.
En Sant Pau de Seguries tomo el camino de Camprodón que transcurre paralelo al río Ter por la vega. Es una delicia, casi todo asfaltado como una vía verde.
Por fin en Camprodón, me doy una vuelta por el pueblo, muy bonito y turístico, por cierto, y me instalo en un hostal. Callejeando por el centro, encuentro una tienda de bicicletas y aprovecho para hacer unos ajustes a la bicicleta. No encontraremos tienda en mucho tiempo o tendremos que desviarnos del itinerario para encontrar una, así que repasad el equipo por si necesitáis comprar algún repuesto olvidado de casa.
ALOJAMIENTO
Hostal La Placeta
Tf: 972 74 08 07
Precio: 30 euros (alojamiento y desayuno)
Cómodo y coqueto con una magnífica cocina de autor y excelentes vinos.
Dispone de cochera para la bicicleta y manguera para limpieza.
Setcases y las cumbres de Coma Ermada y Costabona
Vista de Queralbs desde la carretera de Vilamanya
DOMINGO, 29 DE MAYO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 60 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.050 m
Desnivel acumulado negativo: 1.835 m
Cota máxima: 2.042 m
Cota mínima: 900 m
Tiempo de bicicleta: 4 h 50 min
Velocidad media: 12,41 km/h
DESCRIPCIÓN
Por primera vez sobrepasamos la cota 2.000. En esta jornada tendremos que salvar un importante desnivel en dos únicas ascensiones. La primera de ellas tiene prácticamente 20 kilómetros desde el mismo comienzo de la etapa. Nos vendrá bien la suavidad de los primeros kilómetros de carretera hacia Setcases para calentar antes de afrontar las duras rampas que nos llevarán hasta Tregurá de Dalt donde verdaderamente empieza la subida al Collet de la Gralla por camino. Las vistas al valle del Ter son amplias y espectaculares y es posible que toquemos nieve en el alto.
Por encima de 2.000 metros, rodaremos flanqueando las laderas de la cumbre del Balandrau hasta la Collada Meianell donde cambiamos de vertiente dejando el valle del Ter descendiendo vertiginosamente hacia la profundidad del valle del río Freser.
Ya en la localidad de Ribes de Freser, tomamos la carretera a Queralbs dejándola posteriormente para dirigirnos a Vilamanya por una pared vertical asfaltada de 3 kilómetros sin descanso. Antes de descender a Planoles, disfrutaremos de una zona de bosque frondoso en las estribaciones del Puigmal, el techo del Pirineo Oriental, que nos abrirá las puertas al valle de Toses.
EN LA BICICLETA
Salgo de Camprodón sin madrugar demasiado ya que el kilometraje de hoy no pasará de 60 kilómetros siempre que no tenga errores de navegación. No puedo avanzar más en esta etapa ya que los alojamientos de Toses y de la Collada de Toses están cerrados al no ser temporada de esquí. El año pasado hice noche en Toses y tuve que dormir en un refugio en suelo de madera sin apenas pegar ojo y no pienso caer en el mismo error ya que una noche sin dormir se paga y no se recupera en toda la travesía.
De todas formas aunque la distancia no es excesiva, los kilómetros de hoy tienen mucha miga.
Desde Camprodón la carretera pica ligeramente hacia arriba y el viento sopla de cara. La ascensión a Tregurá de Dalt enlaza con el Coll de la Gralla. La pista va ganando altura en zigzag y vamos ganando horizonte al valle del Ter. En el collado me cruzo con senderistas que me saludan y algunos me dicen que llevaban un rato viéndome subir. Llaneando hacia la Collada Meianell veo a lo lejos a dos ciclistas a los que doy alcance justo antes de iniciar el descenso. Charlamos animadamente y nos separamos en la siguiente bifurcación. Yo sigo hacia Ribes de Freser sorteando piedras del camino y buscando la trazada más favorable. Aún así, estos 14 kilómetros de bajada me han destrozado la espalda y las muñecas. El piso tan irregular ha hecho que perdiera la pieza que sujetaba una de las alforjas con el transportín. El pulpo ha sido mi salvación.
Desde Ribes de Freser tengo unos kilómetros algo más relajantes antes de las durísimas rampas de Vilamanya. Es el tramo más duro y constante de todo lo que llevo de travesía. Qué despacio pasan los metros y cuánto se puede tardar en hacer 3 kilómetros. En cada curva pensaba que aquello se tenía que suavizar, pero la pendiente no bajaba ni un punto. Todo el trayecto al 20%. No imaginaba que tramos como éste e incluso más largos me esperarían en las últimas etapas llegando a Hondarribia.
Entro en zona de bosque con una pendiente mucho más moderada y busco las sombras que me proporcionan los pinos antes de descender a Planoles y al valle de Toses. El libro de ruta me marca una pista muy estropeada pero ya han llegado las máquinas y en su lugar encuentro una pequeña carretera recientemente asfaltada. Me lanzo a tumba abierta cogiendo gran velocidad y me presento en Planoles en un santiamén. Como siempre, recorro el pueblo buscando alojamiento y me instalo no sin antes darle una buena limpieza a la bicicleta y un buen engrase.
Tomando los datos de la etapa del GPS para la ficha técnica, sin querer, he reseteado todo lo que tenía memorizado así que, a partir de ahora, sólo puedo usarlo para grabar y no para seguir los tracks que tenía guardados. Lástima por tantas horas de ordenador que me llevó marcar todo el recorrido pirenaico y por la seguridad que me daba en los momentos de duda.
La habitación es muy confortable, todo nuevo. Espero dormir más horas seguidas. Como he llegado pronto, aprovecho para pasear hasta Planés y encuentro una bonita senda que cogeré también mañana con la bicicleta en lugar de la carretera.
ALOJAMIENTO
Fonda Cal Daldó
Telefono: 972 736 133
Precio: 46 euros (alojamiento+cena+desayuno+bolsa picnic)
Instalaciones nuevas. Habitaciones dotadas de todas las comodidades y una terraza con fantásticas vistas.
Valle de Toses desde La Collada
Base de los remontes de Alabau de La Molina
Vistas desde los remontes de Alabau
Base de los remontes del Torrent Negre
Descenso de la Muntanya Sagrada desde Torrent Negre
Descenso de la Muntanya Sagrada desde Torrent Negre. La pendiente va en aumento.
Comienzo de la Torrentera de Pal
Vista andorrana y comienzo de la Torrentera desde el Coll de Pal
Vista atrás desde el Coll de Pal
Coll de Pal. Cambio de vertiente hacia el valle de Bagá
Refugio Xalet de Coll de Pal desde la Collada de la Bófia
Descenso a Bagá por la vertiente sur del Moixeró
Descenso a Bagá por la vertiente sur del Moixeró
Descenso a Bagá por la vertiente sur del Moixeró
Espectacular puente en el descenso de Pal
Recobrando fuerzas antes de llegar a Bagá
Ascensión bajo la lluvia al Coll de la Bena. Sierra del Cadí
Al fondo el paso del Coll de la Jaça
Vista atrás desde el Collado de la Jaça
Pedraforca desde el Collado de la Jaça
Vista atrás al Collado de la Jaça desde el Coll de Torn
LUNES, 30 DE MAYO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 80 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.620 m
Desnivel acumulado negativo: 2.555 m
Cota máxima: 2.100 m
Cota mínima: 793 m
Tiempo de bicicleta: 7 h 25 min
Velocidad media: 10,79 km/h
DESCRIPCIÓN
Etapa de belleza espectacular en la que disfrutaremos de una gran variedad de paisajes desde las puertas de La Cerdanya y la comarca del Berguedá hasta el valle del Llobregat, rodando por el Parque Natural de Cadí-Moixeró y las laderas meridionales de la Sierra del Cadí. Desde Bagá disfrutaremos de las vistas de la cara sur de las Peñas Altas de Moixeró para ascender, al Coll de Torn, junto a la impresionante pared de la cara norte del Pedraforca, descendiendo por último hasta Tuixén.
La jornada comienza con la larguísima ascensión, casi 40 kilómetros, al Coll de Pal. Para aproximarnos a él, deberemos superar antes la Collada de Toses y subir a Cap de Costa Rasa por los remontes de la estación de esquí de La Molina. Un descenso vertiginoso desde los remontes del Torrent Negre, rodeando la Muntanya Sagrada nos llevaría a la estación de La Masella, pero en esta ocasión optaremos por subir “a capón” por la durísima e incómoda Torrentera de Pal que nos llevará directamente hasta uno de los puntos culminantes de la jornada de hoy, el Coll de Pal. El descenso a Bagá lo haremos por el GR tras superar la Collada de la Bófia en la parte meridional del Cadí-Moixeró y por último tendremos que superar otros 20 kilómetros de dura ascensión hasta el Coll de Torn, siempre con la compañía del majestuoso Pedraforca para bajar al valle de Tuixén, primero por una larga trialera con tramos técnicos y después por carretera.
EN LA BICICLETA
Si tuviera que elegir una sola etapa de entre todas, sería difícil la respuesta, pero creo que me quedaría con ésta porque cada curva, cada cambio de rasante te sorprende con paisajes sobrecogedores donde el cansancio de las larguísimas ascensiones que hay que afrontar, se convierte en placer y éxtasis.
Bueno, ya está bien de filosofar y al grano que os voy a meter un buen ladrillo. Después de estudiar bien la etapa de hoy y ver el perfil que casi asusta, decido madrugar un poquito, así que a las 7:30 de la mañana estoy ya en Planés por la bonita senda que descubrí ayer caminando. Atravieso Toses y paro en la tiendecita, junto a la estación del tren, para comprar unos plátanos y barritas para el camino. Recuerdo a la mujer que me atendió ya que el año pasado hice escala en este pueblo y entonces también le compré provisiones. La subida a la Collada de Toses tiene unos 4 kilómetros con un desnivel del 10%, no demasiado, pero constante y os garantizo que desgasta. He dejado atrás las estribaciones del Puigmal para rodear la cumbre del Puigllançada hasta los extensos prados de Pla d’Anyella, donde vacas y caballos pastan a placer. Parece que la sequía no ha podido con el manto verde del Pla. Al fondo ya se atisba La Collada del Pedró con la base de los remontes del Alabau en La Molina y continuamos, sin dejar de subir, por un zizagueante camino hasta Cap de Costa Rasa. Volvemos a superar la cota 2.000. Desde la base de Torrent Negre, nos preparamos para un corto descenso, pero trepidante, con un suelo un tanto irregular y un desnivel que en ocasiones supera el 30%. La fuerza de la bajada, debido al peso de las alforjas, es difícil contrarrestarla con la frenada y duelen las manos de apretar las manetas de freno y se sobrecargan los tríceps de sujetar el peso del cuerpo y de intentar dirigir la bicicleta por el trazado correcto.
A mitad de la bajada me detengo, a duras penas ya que frenar en seco es prácticamente imposible y tomo la decisión de subir al Coll de Pal por la Torrentera de Pal y son varias las razones que me llevan a ello. Me ahorro unos 12 kilómetros de duro recorrido y las primeras rampas de subida desde La Masella que son infernales. Además evito recordar y pasar por el sitio donde comenzó mi calvario el año pasado al lesionarme la rodilla. No conozco la Torrentera, pero sobre el mapa he calculado unos dos kilómetros, así que por muy mal que se ponga, puedo tomármelo con calma y subir poco a poco. Parece un desprendimiento y las piedras y cantos rodados de menor tamaño, dan paso a considerables rocas entre las que tengo que abrirme paso como puedo. Mientras subo considero que la otra opción tampoco estaba tan mal, pero no puede quedar mucho. Sigo subiendo penosamente arrastrando la bicicleta hasta que por fin, diviso el Coll de Pal. Todavía queda un kilómetro de durísima subida pero al menos he dejado la Torrentera para acceder a la carretera por zona de prados. Por fin corono y contemplo las increíbles vistas desde lo alto de este puerto mítico en el que las nubes viajan por la ladera acariciándola suavemente. Tengo que abrigarme pues estoy empapado de sudor y me estoy quedando frío. Desciendo apenas 2,5 kilómetros cuando abandono la carretera que baja a Bagá para, después de superar la Collada de la Bófia, hacerlo por caminos y sendas abriéndose ante mí parajes idílicos de belleza difícilmente descriptible. El descenso es divertido, aunque agotador, como casi todos los descensos de la travesía, hasta tal punto que, cuando llevas muchos kilómetros, estás deseando volver a subir, ya que no se puede soñar con llanear en esta cordillera.
En Bagá busco una fuente para rellenar de nuevo mis bidones y el olor a panadería me abre el apetito, así que me doy un respiro para recargar energía y afrontar las últimas dificultades de la jornada, el Coll de la Bena, El Coll de Bauma, el Coll de la Jaça y el Coll de Torn, uno detrás de otro y por este orden que completan 20 kilómetros de ascenso. Tengo curiosidad ante este final de etapa ya que el año pasado lo hice con una espesa niebla que no me dejó ver más allá de mis narices. Y hay que ver lo que me perdí. He disfrutado como un niño con juguete nuevo, sobre todo al coronar el Coll de Bauma y abrirse ante mi el impresionante Pedraforca. Miraba hacia adelante y me maravillaba del paisaje. Echaba la vista atrás y no podía seguir sin disparar una foto. Allá donde fijara mi vista, encontraba detalles de una belleza singular y única en todo lo que llevaba visto de Pirineo y así, disfrutando fueron pasando los kilómetros y sin darme cuenta del esfuerzo estaba en otro de los puntos culminantes de hoy, el paso de Torn, otra vez a 2.000 metros de altitud. Inicio un rápido descenso, en el que hubiera agradecido un pasamontañas y hasta unos guantes polares, hasta El Collel, donde cambio de vertiente hacia el oeste, dejando atrás el Pedraforca para coger una senda trialera que me llevará a la carretera de Josa de Cadí. La trialera es divertidísima y tiene tramos técnicos pero rápidos a la vez. Si hubiera ido sin alforjas, habría disfrutado muchísimo, pero tengo que bajar con cabeza para procurar no irme al suelo y conservar a la vez la mecánica.
Ya por carretera paso por Josa de Cadí que está en un entorno impresionante y continúo bajando hasta Tuixén donde me espera un descanso reparador.
Ya es rutina diaria mi paseo en bicicleta por el pueblo buscando un buen alojamiento y la limpieza de la bicicleta. Después camino por los alrededores para estirar las piernas y recordar todo lo vivido y antes de cenar, estudio la etapa de mañana y escribo mi diario de donde extraigo estas vivencias.
Como veis, hoy me enrollado más de lo normal, pero es que el recorrido de esta jornada me ha enamorado. Ha sido un día de bicicleta épico. He avistado manadas de rebecos en los remontes de La Molina y del Torrent Negre, incluso casi he sido atropellado por un macho que acosaba a una hembra ajeno a mi presencia. Hasta la fina lluvia que me ha mojado durante la tarde, ha aliviado mi calor y ha despertado las mejores fragancias de la montaña.
Lo único negativo y que me tiene en vilo es ese dolorcillo leve en la rodilla izquierda, justo en el rotuliano, que me acosa y que puede amenazar con terminar en lesión como el año pasado. Sería terrible que me ocurriera de nuevo esta desgracia así que esta preocupación me quita el sueño.
ALOJAMIENTO
Cal Custodi
Tf: 973 370033
Precio: 38 euros (alojamiento+cena+desayuno)
Instalaciones con aire viejo y antiguo pero acogedoras. Trato familiar y excelente cocina. Los espaguetti a la carbonara son los mejores que he probado en mi vida.
Ascendiendo el Coll d’Arnat
Curiosas referencias kilométricas en la subida del Coll d’Arnat
Arroyo y puente en Noves de Segre
Avituallamiento en el refugio Xalet de la Basseta
Larguísimo descenso a Llavorsí
En las inmediaciones de Sant Joan Vell
Vista aérea del valle del Noguera Pallaresa
Noguera Pallaresa. Tramos de rafting
Reposando alma y cuerpo junto al Noguera Pallaresa
MARTES, 31 DE MAYO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 86 kms
Desnivel acumulado positivo: 1.934 m
Desnivel acumulado negativo: 2.280 m
Cota máxima: 1.730 m
Cota mínima: 595 m
Tiempo de bicicleta: 6 h 40 min
Velocidad media: 12,9 km/h
DESCRIPCIÓN
Desde Tuixén bajamos por el valle del río de La Vansa hacia el Molí de Fornols. Seguimos en cómodo descenso hasta Barceloneta para afrontar la suave subida al Coll d’Arnat. Buen firme y una pendiente moderada que permite un calentamiento lento y progresivo. Cambiamos vertiente hacia el valle del río Segre, dejando atrás el Cadí. El descenso a Castellá de Tost hay que tomarlo con precaución ya que hay zonas pedregosas y curvas de 180º con difícil trazada.
Cruzamos el Segre para llegar a Noves de Segre y desde ahí iniciar la larga ascensión de casi 30 kilómetros hasta los bosques de Sant Joan de l’Erm, remontando el valle del río Pallerols y dejando la comarca del Alt Urgell.
Pasaremos por el refugio Xalet de la Basseta, cuyo entorno es uno de los núcleos más importantes de esquí nórdico de Cataluña y descenderemos a Llavorsí, atravesando una gran zona de bosque frondoso, rodeando el Pic de l’Orri, donde se encuentra la estación invernal de Port –Ainé.
En el recorrido pasaremos por pequeñas masías y pueblos como Argestues, Saulet, Casovall, Pallerols y Montenartró, por lo que no habrá problemas de abastecimiento de agua durante todo el recorrido.
EN LA BICICLETA
Hoy he hecho la etapa de los recuerdos amargos. Durante todo el trayecto he revivido el auténtico calvario que sufrí el año pasado a causa de la tendinitis de rodilla y que me obligó a pedalear hasta Llavorsí con un dolor terrible, casi insoportable.
Como no ha curado del todo y ayer noté síntomas preocupantes, he ido cuidando al máximo la postura en el pedaleo, procurando rodar muy redondo y siempre a punto de gas para no forzar lo más mínimo. Hoy me autoproclamo “Rey del Molinillo”.
La primera dificultad montañosa, el Coll d’Arnat, la he subido sin problemas, ya que la ascensión es muy tendida y la pista muy cómoda. Me ha servido para calentar suavemente.
Ya desde Noves de Segre hasta Sant Joan de l’Erm, he aliviado de carga la pierna izquierda, forzando un poquito más la derecha por temor a la posible lesión. Las rampas son más acusadas y hay tramos muy largos sin bajar el porcentaje, por lo que procuro regular y tener la cabeza fría.
Al final todo ha ido de maravilla, aunque el tiempo de bicicleta ha sido excesivo.
He comido en el merendero del refugio Xalet de la Basseta, donde he aprovechado para comprar bebida isotónica. El refugio está en un entorno absolutamente bucólico y puede ser el destino perfecto para unas vacaciones de invierno practicando el esquí nórdico.
El descenso a Llavorsí es tremendamente agotador con largos tramos pedregosos que me han desgastado físicamente. Ya en la carretera de Llavorsí, remontando el río Noguera Pallaresa, he tenido que parar para relajar las muñecas con movimientos circulares y estirar espalda y riñones.
Ha sido emocionante llegar entero a Llavorsí, teniendo en cuenta las calamitosas condiciones en las que llegué por estas fechas el año pasado. Estoy recobrando la confianza en mis posibilidades de terminar con éxito y continuaré rodando de forma conservadora.
Mañana comienza una nueva Transpirenaica para mí y estoy ansioso por descubrirla.
La rutina de siempre y antes de cenar, un paseo por la orilla del Noguera Pallaresa hasta un centro de rafting que hay aguas abajo de Llavorsí. Esta vez me alojo en un hostal, a los pies del río, junto con otros huéspedes moteros y pescadores.
ALOJAMIENTO
Hostal La Noguera
Tf: 973 622012
Precio: 37,80 euros (alojamiento+cena+desayuno)
Cómodo, bien insonorizado del murmullo del río, con cochera y manguera para la bicicleta con una buena cocina, platos muy generosos y ofrecimiento de repetir a placer.
Arestui
Vista atrás en la ascensión al Coll de Rat
Vista del Pirineo desde el Coll de Rat
Vista del valle del Noguera Pallaresa desde el Coll de Rat
Últimas rampas hacia el Coll de Rat
Al fondo, a la derecha camino de Super Espot y a la izquierda a media ladera, el camino de Quatre Pins y la Portella
Espectacular vista desde Quatre Pins
Vista atrás hacia el Coll de Rat
Rodeando el Montsent de Pallars
Nueva vista atrás al Coll de Rat
Pastos de alta montaña del Pallars
Flanqueando las laderas del Montsent
Nacimiento de un arroyo de alta montaña
Lejanía del valle desde las altas cotas
Los arroyos se precipitan al valle a gran velocidad y en pequeñas cascadas
Inmensos pastos de alta montaña
Espui desde el Coll de la Portella
Vista general de la Vall Fosca
Preparado para el descenso a Espui
El descenso a Espui es interminable
Saliendo de la zona de pastos hacia Espui
MIÉRCOLES, 1 DE JUNIO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 58 kms
Desnivel acumulado positivo: 1.737 m
Desnivel acumulado negativo: 1.302 m
Cota máxima: 2.250 m
Cota mínima: 784 m
Tiempo de bicicleta: 5 h 30 min
Velocidad media: 10,55 km/h
DESCRIPCIÓN
Etapa de alta montaña en la que atravesaremos las sierras del Pallars, rodeando las laderas de una de sus cimas más importantes: Montsent de Pallars.
Todo el desnivel positivo a salvar en el día de hoy, se realiza en una única ascensión, que sin descanso, nos llevará, por Arestui y Baiasca, hasta el Coll de Rat con rampas de gran desnivel. Desde ahí, ya por encima de la cota 2.000, disfrutaremos de grandes extensiones de pastos de alta montaña con magníficas vistas de 360º de los Pirineos. Dejaremos la pista que lleva a la estación de esquí de Super Espot para rodear la gran mole del Montsent de Pallars, que domina el parque nacional de Aigüestortes, pasando por el refugio de Quatre Pins hasta el Coll de la Portella y de ahí, tras el paso del Triador, lanzarnos en un vertiginoso descenso hacia la Vall Fosca y Espui.
El paisaje que podremos contemplar en el día de hoy es único y singular en toda la travesía con las praderas de alta montaña más grandiosas que hayamos visto en todo nuestro periplo. Seremos testigos del nacimiento de arroyos de alta montaña y la vista alcanzará cientos de kilómetros a nuestro alrededor.
EN LA BICICLETA
Esta es la etapa de alta montaña más indómita que he hecho jamás. Transcurre gran parte de ella por encima de la cota 2.000 y la subida hasta el Coll de la Portella es interminable, casi 40 kilómetros sin dejar de subir ni un solo metro.
La carretera de Arestui se encajona en un barranco tan angosto que hace que pierda la recepción de satélites del GPS. El paso del Coll de Rat me abre las puertas al paisaje de alta montaña más amplio de toda la travesía, dejando atrás la gran masa de pinar.
Rodeando el Montsent de Pallars, me asombran las surgencias y nacimientos de arroyos de alta montaña que se precipitan por los prados en rápidas cascadas.
Me detengo en el refugio de Cuatre Pins para dar buena cuenta de unos bocadillos que llevo en las alforjas. Lo hago con apetito ya que la durísima y larga ascensión, que todavía no ha terminado, ha hecho mella y voy algo planito de fuerzas. Hoy de menú, tortilla de atún y lomo con queso y tomate. Mientras “engullo” por verdadera necesidad, relleno los bidones en el finísimo hilo de agua que cae de la fuente. Después de comer permanezco un rato sentado disfrutando de un silencio “ensordecedor” y fijo la mirada en las cumbres nevadas que hay frente a mí. Me quedaría así durante horas, pero no quiero enfriarme del todo ya que, aunque la pendiente no es como en el Coll de Rat, todavía me quedan unos kilómetros de subida.
La sensación de absoluta soledad y de paz que experimento en el Coll de la Portella hacen que me sienta un verdadero privilegiado, siendo el único ser humano que está disfrutando de este entorno tan salvaje y espectacular.
Llegando al Triador, cambio de vertiente y me asomo a la Vall Fosca. Queda tan lejos, allá el fondo, en la profundidad del valle. Comienzo el descenso. Es divertido, zigzagueante, curvas y contracurvas,..., pero también resulta agotador. Cómo se tiene que bajar por aquí sin alforjas y sin preocuparte por los daños que pueda sufrir la bicicleta.
A las 15:30 estoy en Espui y el siguiente alojamiento está a 43 kilómetros. Demasiada tralla para hoy, así que,..., ¿os lo cuento?. Pues ya lo sabéis, vueltecita turística en bicicleta en busca de acomodo y lavado y engrase de bicicleta. Después, como siempre, una ducha que me deja como nuevo y a recuperar líquidos evaporados durante la jornada. Como tengo tiempo, esta vez doy un largo paseo hasta Capdella pasando por la Central hidroeléctrica. Encuentro a un paisano y me tiro más de media hora hablando con él. Creo que los dos teníamos necesidad de comunicación y aprovecho su conocimiento de la zona para preguntarle sobre el desarrollo de la comarca y sus zonas más turísticas. Me dice que hay un teleférico que sube al Estany Gento desde el pantano de Saliente, pero me queda un poco lejos para ir en bicicleta. No están en la zona muy satisfechos con el paso a través del valle de una aparatosa línea de alta tensión ya que me dice que no han recibido compensación alguna. Le pregunto también por unas grandes explanaciones que me encontré entrando en Espui y me explica que va a ser un campo de golf. Esto parece bueno para el pueblo, ¿verdad?, le pregunto, pero él encoge los hombros como diciendo, “para qué, con lo tranquilo que estaba yo aquí”. Yo también satisfago su curiosidad sobre mi origen y mi destino y nos despedimos. Al regresar a Espui después de mi caminata, vuelvo a verlo junto a unas casas acompañado de otros vecinos que me miran para ver quién es ese ciclista, que anda en solitario por estas tierras, del que seguro que les había hablado.
Estudio la etapa de mañana, ceno y me acuesto después de escuchar la información del tiempo. Parece que volverá a ser otra jornada soleada. De momento estoy teniendo suerte.
ALOJAMIENTO
Casa Sastre
Tf: 973 663066
Precio: 36 euros (alojamiento+cena+desayuno+bolsa de picnic)
Muy acogedor y cómodo con buenos ventanales y magníficas vistas desde la habitación abuhardillada. Cocina excelente y casera.
INCIDENCIAS
Entrando en las primeras casas de Espui, en una rampa muy pronunciada he partido la cadena.
Coll de Castenou. Trialera
Vista general desde el Coll de Castenou
Paisaje de la Alta Ribagorza. Erta
Vista atrás a Sas y al Coll de Sas
Vacas curiosas cerca de Espolla
Puerta de madera labrada. Bonansa
JUEVES, 2 DE JUNIO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 74 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.020 m
Desnivel acumulado negativo: 1.794 m
Cota máxima: 1.599 m
Cota mínima: 845 m
Tiempo de bicicleta: 6 h 10 min
Velocidad media: 12 km/h
DESCRIPCIÓN
Atrás hemos dejado la alta montaña y en esta etapa rodaremos por cotas más bajas y por pequeñas poblaciones aisladas, prácticamente abandonadas. A través de antiguos caminos de herradura, tupidos de vegetación, nos adentraremos en la comarca de la Alta Rigagorza. Salimos de Espui y tras pasar por Torre de Cabdella, Astell y Guiró, cogeremos un sendero complicado para remontar el Coll d’Oli, junto a la Ermita del Coll. El sendero desciende hasta Mola d’Amunt con tramos muy técnicos para bicicleta sin alforjas e imposibles yendo cargado así que habrá que andar un buen tramo. Iniciaremos otro ascenso hacia los pueblos de Sentís, Sas y Erta superando los collados de Sant Pere y de Sas. Flanquearemos las laderas meridionales de los picos de Cap d’Erta y Lo Corronco de Durro para descender vertiginosamente hasta el Pont de Suert pasando por Catellars, Malpás y Gotarta. Hemos llegado al ecuador de la travesía. La última ascensión de la jornada, de casi 13 kilómetros, se hace por un camino en muy mal estado. Pasaremos cerca de Cirés, por Espolla y finalmente Bonansa.
Los parajes son extremadamente solitarios y es un terreno propio de amantes de la BTT en su sentido más inhóspito. El suelo irregular y el estado de los caminos dificultarán nuestra marcha.
EN LA BICICLETA
La ruta de hoy ha transcurrido por tierras más bajas y pueblos prácticamente deshabitados que sobreviven gracias a pequeñas explotaciones ganaderas. Casi sin darme cuenta, he entrado en la provincia de Huesca, dejando atrás el Pirineo catalán en el que tanto he disfrutado. He notado un cambio sustancial de una comunidad a otra. Los caminos aragoneses por los que transcurre la etapa son mucho más duros en comparación con la bondad de sus vecinos catalanes e incluso la vegetación parece ponerse en contra del ciclista. Por primera vez veo cardos, espinos y aliagas que aumentan el riesgo de pinchazos. En Cataluña la vegetación es mucho más amable y te acaricia a su contacto. Las altas praderas de manto verde pasan a convertirse en sierras agrestes que también tienen su encanto. La sensación de aislamiento es mucho mayor y parece que los caminos se van a perder sin continuidad en la montaña.
Desde Guiró se coge una senda hacia la ermita del Coll que vemos a lo lejos. Hay que arrastrar la bicicleta salvando obstáculos naturales durante 2,5 kilómetros y el descenso hacia Mola d’Amunt tengo que hacerlo casi todo el tiempo andando hasta que enlazo con la pista de Castellnou d’Avellanos.
Desde aquí inicio la segunda ascensión del día superando el Collado de Sant Pere y el Collado de Sas. En Sas cojo una pista a la que han echado piedra. Este largo tramo es parecido a ir en bicicleta por la vía del tren con piedras sueltas de gran tamaño. Pierdo tracción y el esfuerzo para avanzar es más que notable. En el descenso tengo que sujetar bien la bicicleta para mantener la dirección porque las derrapadas son constantes. El paisaje de sierra es indómito y espectacular y antes de cambiar de vertiente en la Collada de la Menal me maravillo por la fantástica situación de Castellars. Sin más complicaciones llego al Pont de Suert donde hago un breve descanso para recobrar fuerzas y poder afrontar con energía la subida a Bonansa que, según el libro es complicada y técnica.
Me despido del Pont de Suert y del Pantano de Escales y comienzo a subir entre pinos y encinas. La subida en efecto tiene tramos técnicos pero todo el tramo es ciclable e incluso divertido si eliges bien la trazada, claro. Sigo la señalización de un GR. La llegada a Bonansa es relajante por una pista más cuidada y cómoda ya que es utilizada por mushers en época de nieve. Las tabletas que encuentro por el camino así lo indican.
Bonansa es un pueblo pequeño y tranquilo y en él se respira paz y tranquilidad. Las calles las comparten sus habitantes y el ganado y los niños juegan en la plaza. Me instalo en el único alojamiento del lugar en el que tengo todas las comodidades, ya que el establecimiento está vacío y puedo disfrutar de todas las instalaciones para mí sólo, como en la mayoría de los días de travesía. A parte de todo el ritual diario que de sobra conocéis, hoy he hecho colada, aprovechando que tenía un tendedero muy soleado en el balcón de la habitación. El bar está a punto de cerrar así que ya he encargado la cena y la bolsa de picnic para mañana. La señora es muy amable conmigo y no tiene inconveniente en madrugar para servirme el desayuno.
ALOJAMIENTO
Casa Lluis
Tf: 974 554053 / 690 220364
Precio: 15 euros (alojamiento+desayuno)
En la plaza del pueblo, muy cómodo, con un gran salón y un trato familiar.
El TurbónGabás
Acercándonos a la Peña Montañesa
VIERNES, 3 DE JUNIO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 84 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.250 m
Desnivel acumulado negativo: 2.775 m
Cota máxima: 1.600 m
Cota mínima: 624 m
Tiempo de bicicleta: 6 h 40 min
Velocidad media: 12,6 km/h
DESCRIPCIÓN
Hemos abandonado el valle del Noguera Ribagorçana para adentrarnos en el valle del Ésera hacia un paisaje más alpino dominado por vastas praderas bajo la cumbre del Turbón. Las vistas de los picos del Posets, los Eristes y el Cotiella, junto al paso del Congosto de Ventamillo y la majestuosa Peña Montañesa harán de la jornada de hoy todo un espectáculo para los amantes del ciclismo de montaña en soledad. Parajes aislados y solitarios en los que parece que el mundo se reduce a uno mismo, la bicicleta y la montaña. Al no pasar por núcleos habitados, deberemos acercarnos expresamente a alguno de ellos para recargar agua. Habrá que prestar mucha atención en el peligroso descenso a Seira y armarse de paciencia para subir el durísimo Collado de Cullibert, pasando del valle del Ésera al valle del Cinca en el corazón del Pirineo Aragonés. Flanquearemos la Peña Montañesa y llegaremos a La Collada a través de un frondoso y divertido sendero ciclable en todo el recorrido. Sólo queda bajar hasta Escalona pasando por Ceresa y Laspuña después de bajar por paredes de piedra suelta que de nuevo nos pondrán a prueba.
EN LA BICICLETA
No puedo explicar con palabras lo que he disfrutado también en el día de hoy. He de reconocer que he sufrido mucho en esta jornada que es verdaderamente “matahombres”. Marisa, mi amable casera de Bonansa me ha preparado un desayuno a base de tostadas con el que se habrían saciado al menos tres personas. Después de desearnos suerte mutuamente, parto a las 7 de la mañana hacia Espés remontando rampas bastante duras. En lo alto de La Collada, ante el majestuoso Turbón, me detengo a reparar un pinchazo, el primero de la travesía. Aprovecho para deleitarme con el magnífico paisaje que se abre ante mí. Las pistas son muy duras, a veces tupidas de hierba que denotan que no son usadas y en otras ocasiones parecen perderse y cuesta un poco adivinar las rodadas. El descenso a Gabás es duro y me desvío al pueblo por un pedregoso sendero siguiendo la señalización de un GR, para recargar agua. Junto a la fuente, aprovecho para cambiar las pastillas del freno que ya están arañando el disco. Después de pasar por el Congosto de Ventamillo con sus paredes verticales rojizas, me lanzo a tumba abierta por unas rampas parecidas a las del Torrent Negre en las que termino con las muñecas y brazos muy doloridos. Hay tramos muy pedregosos, pero es imposible frenar. Con la rueda trasera completamente bloqueada y apretando con tacto la maneta del freno delantero para evitar volcar hacia delante, paso como puedo, en ocasiones descalándome un pedal para guardar el equilibrio. Afortunadamente llevo pastillas nuevas atrás y voy más seguro. Cerca de Seira cojo la carretera de Campo-Castejón de Sos y subo cómodamente por carretera hasta Senz. Ahora toca emplearse a fondo. No se me va a olvidar nunca el Collado de Cullibert. No he tenido que desmontar en ningún momento porque he tenido la suerte de elegir bien la trazada, pero el desgaste es tremendo ya que la pendiente no baja del 15% durante casi 5 interminables kilómetros con zonas de alta dificultad técnica. El esfuerzo aún le da más valor a las vistas que puedo contemplar desde el alto y a la divertida senda que me espera a continuación para, después de un corto descenso, continuar subiendo hacia La Collada, a los pies de la Peña Montañesa. El descenso hacia el valle del Cinca me deja maltrecho y tengo doloridos los brazos y las muñecas ya que procuro ir semi-sentado para no cargar peso en la rodilla. Al pasar por Ceresa, me maravillo por el agreste entorno en que se encuentra. Menuda zona de entrenamiento. Los ciclistas de montaña del lugar deben estar fuertes como mulas. Ya cómodamente, por carretera, atravieso Laspuña y llego a Escalona, desde donde hay una fantástica vista del descenso que acabo de realizar.
Hoy me instalo cómodamente en un hotel y descanso mientras escribo mis anotaciones en una terraza de verano junto a una mesa llena de guiris de estos que creen que para ponerse morenos primero hay que quemarse. No me extraña que después de someterse a ese tormento, se beban esos cervezones con tanta avidez.
Desde mi mesa veo el atardecer en la Peña Montañesa. Qué espectáculo. Una imagen que jamás olvidaré.
ALOJAMIENTO
Hotel Revestido
Tf: 974 505042
Precio: 38 euros (alojamiento+cena+desayuno)
Cena super abundante y sabrosa. Buenas instalaciones y facilidades que me permiten madrugar. Un trato muy amable y familiar.
INCIDENCIAS
De nuevo he torcido un eslabón de cadena y aunque no he llegado a romper, he tenido que poner otro eslabón.
Pinchazo.
Cambio de pastillas de freno de disco trasero.
Cañón de Añisclo
Puerta de entrada al Parque Natural del Valle de Añisclo
Vista atrás al Valle de Añisclo
SÁBADO, 4 DE JUNIO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 93 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.024 m
Desnivel acumulado negativo: 2.775 m
Cota máxima: 1.950 m
Cota mínima: 568 m
Tiempo de bicicleta: 7 h 15 min
Velocidad media: 12,83 km/h
DESCRIPCIÓN
Salimos de Escalona por carretera hacia el cañón de Añisclo y nos adentramos en las profundas paredes verticales de su barranco hasta llegar a la entrada del Parque Nacional. Al ir por carretera, podremos disfrutar con tranquilidad de este indómito paisaje. Nos acercamos al valle de Ordesa y del macizo de Monte Perdido. Dejamos Nerín y seguimos subiendo hasta coronar el Collado de Fanlo y en un rápido descenso nos presentamos en Sarvisé.
En la segunda parte de la etapa pasamos del valle del río Ara al valle del río Galligo. Desde Fiscal, tendremos que superar un ascenso de 30 kilómetros para coronar Peña Oturia y disfrutar de unas magníficas vistas del Pirineo Central.
En nuestro recorrido hacia Oturia dejamos atrás los pueblos deshabitados de Bergua y Sasa. Pasaremos cerca de la Ermita de Santa Orosia en el collado del mismo nombre para ascender los últimos kilómetros hasta el punto culminante del día. El descenso hacia Senegüé es duro y difícil, pasando por el barranco de Oliván y Lárrede y, tras cruzar el destartalado y viejo puente sobre el río Galligo, llegamos a Senegüé.
EN LA BICICLETA
Exceptuando el paso por el Cañón de Añisclo y las fantásticas vistas desde la Peña Oturia, el resto de la etapa ha sido de transición pre-pirenaica sin grandes alardes paisajísticos.
El barranco de Añisclo me ha dejado maravillado y he disfrutado enormemente a su paso. Las grandes paredes verticales parecen cerrarse sobre mi cabeza y se interrumpe la recepción de satélites del GPS. Hasta Senegúé todo transcurre con normalidad, con una subida moderada hasta el Collado de Fanlo, desde donde inicio un rápido descenso hasta Senegüé y de ahí a Fiscal.
Por el camping de la localidad, donde están abriendo nuevos caminos por la construcción de urbanizaciones, subo en sentido contrario al que he venido por el margen contrario del río Ara, comenzando el ascenso largo, de 30 kilómetros, hacia Peña Oturia. Esta parte de la ruta es un auténtico secarral y la sequía ha hecho que un par de fuentes que tenía marcadas en el libro de ruta estén secas, así que tengo que racionarme el agua al máximo ya que no encontraré otra fuente hasta el Collado de Orosia. A mitad de la subida, de forma providencial, me encuentro a un grupo numeroso de ciclistas que bajan a Fiscal a tomar una paella (rectifico, posteriormente me ha dicho uno de ellos que fueron judías y de las buenas), como ellos mismos me comentan. Les pregunto por alguna fuente cercana que no figure en mi rutómetro y me confirman que no hay ninguna hasta la ermita. Como les quedan pocos kilómetros y todo el tramo es de bajada, me ofrecen generosamente trasvasarme agua de sus bidones a los míos. Me viene de maravilla porque, además de estar fresquita, no tendré que dosificarla a cuenta gotas y podré hidratarme suficientemente. Les pregunto sobre su actividad por la zona y no están conformados como club sino que se juntan unos cuantos amiguetes y hacen salidas de fin de semana por la zona. Después de encontrarme a dos ciclistas en el Coll de La Gralla, son los únicos que me he cruzado en toda la travesía. Me ha dado mucha alegría el encuentro y se agradece el trato amistoso que entablamos a pesar de no conocernos de nada.
En una fuentecita y abrevadero, antes de flanquear Oturia, bebo agua hasta hartarme y me como un bocadillo para recuperar, pues el libro de ruta me avisa de un descenso divertido “pero duro”. En el alto contemplo maravillado las cumbres de la Peña Montañesa (de donde vengo) y del Cotiella y los macizos de la Peña Telera y la Foratata. Busco el cañón de Ordesa buscando Las Tres Sorores y Monte Perdido, pero las nubes se han instalado en su cima.
Inicio el descenso por una pista herbosa destrozada por el paso continuo de ganado y no me divierto en absoluto como rezaba en el libro, sino todo lo contrario. Si tuviera que elegir el descenso más duro de toda la travesía, sin dudarlo diría Oturia. Ha sido un verdadero infierno y he terminado con todo el cuerpo dolorido como si me hubiesen pegado una paliza. Como consecuencia de estos pedregales la bicicleta ha sufrido las averías más importantes y eso que he hecho todo lo posible por conservar la mecánica. Podría haber hecho tramos andando, pero habría llegado a mi destino al anochecer.
Otra rotura de cadena y dos radios rotos, además de un pinchazo. Con la rueda trasera hecha un ocho, cruzo el tambaleante puente de madera sobre el río Galligo y llego a Senegüé.
Aunque estaba muy cansado y lo único que me apetecía era tumbarme en una cama, lo primero que hago es arreglar todo lo que puedo de la pobre bicicleta (ya le doy tratamiento humano; ¿estaré enloqueciendo?). Problemas, sin extractor de piñones no hay forma humana de cambiar los radios y eso que llevo seis de ellos de repuesto. Voy a echar mano de eslabones de cadena y ya no me quedan. Menos mal que el casero de mi casa rural me ofrece la cadena de la bicicleta de su chico y puedo coger un buen trozo. De todas formas, lo de la cadena ya me tiene bastante mosqueado porque llevo tres roturas en cuatro días y eso no es normal ya que procuro siempre llevar la cadena sin cruzar y hago los cambios muy suavemente. Lo de la cadena tiene solución, pero lo de los radios me tiene en ascuas. Es sábado, bien entrada la tarde y la tienda más cercana de bicicletas está en Sabiñánigo, demasiado lejos. Mañana estará todo cerrado y ¡¡voy a tener que quedarme parado hasta el lunes!!.
En mi desesperación, no sé por qué, llamo al teléfono de una tienda de bicicletas en Villanúa, localidad que me pilla cerca del recorrido de mañana. Mi sorpresa es cuando, pasados 3 ó 4 tonos, me contesta el propietario. Le explico mi contratiempo y me dice que abre mañana a las 9 de la mañana. Casi me da un vuelco el corazón. Le pregunto que cómo abre también los domingos y me explica que es una tienda de deporte en la que alquilan equipos para barranquismo y es un deporte muy practicado en el lugar y al que acude un buen número de turistas. “A las 9 estoy allí”, le afirmo tajantemente y después de colgar, suspiro profundamente. Me siento aliviado y ya se me ha olvidado la paliza de la jornada de hoy. Después de la limpieza diaria, salgo a pasear y me dirijo a un hotel en la carretera de Sabiñánigo, que es el único sitio para comer. Una buena cena energética a base de pasta y salmón y hago una sobremesa larga estudiando el planning de mañana y el desvío que tendré que hacer hasta Villanúa. Parece que no será mucho, 8 kilómetros, pero 4 de ellos son de subida. Da igual, como si son 20, el caso es poner los radios, centrar la rueda y seguir con la travesía.
ALOJAMIENTO
Casa Rural El Pajar
Tf: 974 480273
Precio: 20 euros (sólo alojamiento)
Casa con jardín confortable aunque la habitación es un poco pequeña. Trato muy cordial. Pone a mi disposición una bicicleta para que coja la cadena.
INCIDENCIAS
Tercera rotura de cadena
Pinchazo
2 radios rotos de la rueda trasera
Villanúa
El Llana de la Garganta y el Aspe
Las cumbres del Llana de la Garganta y el Aspe desde el Valle de Aísa
Las cumbres del Llana de la Garganta y el Aspe desde el Valle de Aísa
Ermita de la Virgen de la Catarecha
Descenso pedregoso hacia Hecho
Tejados de Hecho con sus típicas chimeneas cónicas altoaragonesas
DOMINGO, 5 DE JUNIO DE 2.005
FICHA TÉCNICA
Distancia: 82 kms
Desnivel acumulado positivo: 1.612 m
Desnivel acumulado negativo: 1.753 m
Cota máxima: 1.222 m
Cota mínima: 789 m
Tiempo de bicicleta: 6 h 30 min
Velocidad media: 12,62 km/h
DESCRIPCIÓN
Por necesidad el recorrido de la primera parte de la ruta debo hacerlo por carretera hasta Villanúa y desde ahí, enlazar de nuevo con el trazado original en dirección a Aratorés y Borau. Dejamos atrás el valle del Aragón y pasaremos por Aísa y Jasa en sus altos valles dominados por los picos Llena y pico d’Aspe y por la cumbre del Bisaurín en Aragüés. A partir de aquí, entramos en el valle de Hecho, uno de los más occidentales del Pirineo Aragonés.
Desde Aragüés d’o Puerto subiremos por el sendero de Urdúes, hasta enlazar con pistas abandonadas que sirvieron para la instalación del tendido eléctrico. Por un terreno inhóspito, siguiendo las torres de luz, llegaremos a la Ermita de Caterecha y descenderemos por el lecho del arroyo de Santolaria hasta Urdúes, desde donde iniciamos el ascenso a la sierra de Romaziete para bajar hasta Hecho.
EN LA BICICLETA
La primera parte de la ruta me veo obligado a hacerla por carretera ya que llevo la rueda trasera hecha un ocho, con dos radios partidos, y si voy por caminos, seguro que, por simpatía, rompo alguno más. No es cuestión de tentar más la suerte y opto por la carretera aunque sea monótona. Hoy estoy de buen humor. He dormido de un tirón y por primera vez he hecho uso del despertador. Al ser domingo, la carretera apenas tiene tráfico y se rueda con tranquilidad, aunque con frío. La temperatura es de sólo 5ºC y necesito calor para que funcione bien la rodilla. A las 9 de la mañana me presento en Villanúa y me dirijo a la tienda de bicicletas que está en la carretera de Francia. El taller de reparaciones dice mucho a favor de la tienda. Amplio, con todos los útiles en armarios a la vista, todo muy bien colocado, en fin, que parece que estoy en buenas manos. Entablo conversación con el mecánico y en seguida me doy cuenta de que es un manitas. Mientras desmonta el disco trasero y los piñones, yo aprovecho para ir montando una cubierta trasera nueva, pues veo que el taco se ha desgastado mucho y todavía me queda mucho trote. Me pone los radios nuevos y me hace un centrado de rueda milimétrico. Aprovecho para poner una cadena nueva y coger eslabones de repuesto de la vieja. Con la bicicleta como el primer día, regreso sobre mis pasos para enlazar con el recorrido, de nuevo en dirección a Jaca, por un tramo del Camino de Santiago paralelo a la carretera, para desviarme hacia Aratorés y subir un durísimo puerto de carretera. No es posible que no haya ni un solo tramo de recuperación. Bueno, sí es posible. Ya me estoy acostumbrando a tirarme una hora de molinillo a velocidad de senderista. En el collado me detengo en unos prados para comer un bocadillo y en ese momento de soledad, sentado sobre el manto verde, bajo un cielo azul, con mi bicicleta como nueva y todo a mi favor, tengo un momento de bajón emocional. Ya son muchos días rodando en solitario y muchos kilómetros a las espaldas y sin poder terminar el bocadillo me pongo de nuevo a rodar. Es lo único que, en estos momentos, me mantiene entero. Menudo bajón. Lo atribuyo al desgaste físico acumulado desde el comienzo de travesía, pero sobre todo la soledad absoluta de estas montañas, a los momentos de incertidumbre, a los caminos cubiertos de nieve en las cumbres,...
Entro en el valle de Aísa y las montañas que lo rodean y el paisaje que me circunda me devuelven el ánimo. Camino de Aragüés d’o Puerto vuelvo a coger un camino equivocado. Veo el pueblo abajo a mi izquierda pero yo sigo subiendo en otra dirección. Vuelvo otra vez a Jasa y no me complico la vida ya que sólo me separan 2 kilómetros de carretera hasta Aragüés.
Subo hasta la plaza del pueblo buscando el camino de Urdúes y no lo encuentro por lo que busco lugareños que me indiquen. Estaba escondido por un muro de piedra y yo esperaba algo más ancho. En su lugar se presentaba ante mí una estrecha y pedregosa senda de cabras. Estos aragoneses a cualquier cosa le llaman camino. (Que no se me enfade ninguno que es broma)
Hay que reconocer que esta parte del Pirineo Aragonés se hace durísima con sus sendas y caminos invadidos de vegetación espinosa.
En los tramos más técnicos con grandes escalones de piedra, opto por desmontar como medida de precaución, teniendo en cuenta las consecuencias tan nefastas que tuvo el descenso de Peña Oturia y que, por suerte, he podido solucionar en la mañana de hoy.
He tenido algún problema de orientación en el camino de Urdúes ya que la senda tenía que desembocar en un camino que es inapreciable pero la brújula del GPS me ha orientado en la dirección correcta.
Me ha parecido muy dura, llevando alforjas, la senda de subida hacia Urdúes por el GR. Sabiendo que existe opción por carretera, jamás volveré a cogerla. Casi me deshidrato arrastrando la bicicleta y cuando pensaba que lo peor había pasado, me encuentro un campo de aliagas que me deja las piernas en carne viva. A todo esto tengo que seguir un tendido eléctrico a modo de cortafuegos. Y yo creía que estaba acostumbrado a sufrir por terreno duro y estropeado,...
El pedregoso descenso a la Ermita de Catarecha me da la puntilla y por si fuera poco tengo un conflicto con mi libro de ruta y me veo en la tesitura de elegir entre dos valles paralelos que siguen la misma dirección. Cojo el equivocado y regreso sobre mis pasos por la inseguridad que me asalta en este momento decisivo. Sigo por donde he venido buscando alguna referencia y me doy cuenta de que he seguido las señales del GR y según el rutómetro, tenía que haberlo abandonado antes para recuperarlo después, por lo que esos metros de diferencia fueron los causantes del despiste. Siguiendo el GR llegas a la ermita directamente y el libro de ruta marca un rodeo innecesario. Ya con el rumbo correcto, llego a la carretera de Urdúes, después de atravesar el barranco sobre el lecho pedregoso del arroyo. Un bonito tramo que me hace olvidar las penalidades del tramo de subida. Consulto mi rutómetro y veo que desde Urdúes hasta Hecho tengo que salvar un Collado subiendo por otra senda. Espero que no sea como la anterior. A lo mejor tengo suerte y es ciclable. A todo esto, me encuentro en el pueblo a un chico con su bicicleta de montaña y le pregunto si es muy dura la senda. Si me dice que sí, no lo dudo y me tiro por carretera. Ya he tenido bastante con los 10 durísimos kilómetros de Urdúes. Me asegura que merece la pena y no me lo pienso. Otra vez por la senda. Voy cogiendo altura y montado en la bicicleta. Tenía razón este muchacho. Abajo queda Urdúes y sólo me quedan 7 kilómetros para llegar a Hecho. Después del madrugón para arreglar la bici y el terreno tan difícil por el que me muevo, siento que las fuerzas me abandonan. La pendiente va aumentando a cada metro que avanzo y la senda se vuelve imposible para bicicleta, así que toca empujar de nuevo. Bueno, sólo me queda un kilómetro para coronar y después todo bajada. El descenso es muy duro y hay mucha piedra suelta, pero estoy deseando llegar a Hecho e imprimo un poco más de velocidad. Derrapando por las fuertes pendientes del descenso, llego a esta bonita localidad del Alto Aragón y recorro sus callejuelas admirando su peculiar arquitectura con esas chimeneas cónicas tan singulares. Necesito descansar y me quedaría tumbado todo lo que me queda de tarde, pero no puedo resistirme a conocer más a fondo el pueblo, su entorno y su gente. Ya veis que soy culillo de mal asiento y que tengo cierta hiperactividad.
Hoy ha sido una etapa montañera en el más estricto sentido de la palabra. Sólo apta para los amantes del MTB en estado puro.
Debo hidratarme y cenar abundantemente y en el restaurante, al ofrecimiento de “¿desea repetir?”, he asentido con el último tallarín colgando en la boca ante la mirada atónita del camarero que pensaba que no me terminaría el plato. Llevo días comiendo como dos personas y aún así, sigo perdiendo peso.
ALOJAMIENTO
Hotel Lo Foratón
Tf: 974 375247
Precio: 40 euros (alojamiento+cena+desayuno)
Bien en general.
INCIDENCIAS
Talleres Azus (Villanúa)
Tf: 974 378217
Puesta a punto de la bicicleta.
Reposición de radios y centrado de rueda trasera
Cubierta trasera nueva
Cadena nueva Shimano XTR.
Curiosas formaciones rocosas camino de Ansó
Llegando a Zuriza. Vista atrás al valle
Fuente en el camino de Orbaiceta
Roncesvalles. Cruz del Peregrino
Roncesvalles. Silo de Carlomagno
Ermita de Roncesvalles
Ascensión al Collado de Elorrieta
Camino de helechos en el Collado Bagatxeta
Abetos y rebaño en el Collado Antxuela
Ascendiendo, entre helechos, al Collado Also
Caballos y helechos en Collado Also
Ascensión al Collado de Lizarreta
Senda de Venta Yasola a Venta Zahar. Al fondo, la costa francesa. Por fin, el mar
Puerto pesquero de Hondarribia desde la subida al Cabo Higuer
Camino costero desde Cabo Higuer
Hondarribia (España) y Hendaya (Francia) separados por la ría del Bidasoa

