viernes, junio 09, 2006

ETAPA-11: RONCESVALLES - ETXALAR

Ascensión al Collado de Elorrieta


Collado de Elorrieta


Collado de Izpegui


Camino de helechos en el Collado Bagatxeta


Hayedo del Señorío de Bertiz


Abetos y rebaño en el Collado Antxuela


Collado Antxuela


Ascendiendo, entre helechos, al Collado Also


Caballos y helechos en Collado Also


Collado Orizqui


Etxalar


Etxalar


Etxalar


Etxalar

MARTES, 7 DE JUNIO DE 2.005

FICHA TÉCNICA

Distancia: 77 kms
Desnivel acumulado positivo: 1.963 m
Desnivel acumulado negativo: 2.554 m
Cota máxima: 1.176 m
Cota mínima: 107 m
Tiempo de bicicleta: 6 h 10 min
Velocidad media: 12,49 km/h

DESCRIPCIÓN

Dejamos Roncesvalles y salimos por la carretera que remonta el puerto de Ibañeta, justo en dirección contraria a la de los peregrinos del Camino.
En el Collado de Linux iniciamos un largo descenso al valle de Alduides y a la localidad de Banca para afrontar las durísimas rampas de Elorrieta, desde donde se divisa el valle del Baztán con sus pueblos y caseríos. Descendemos a Erratzu y Elbetea donde iniciamos la subida a las Casas de Bagordi, la de Elorrieta y ésta última, son dos de las más duras y constantes de toda la travesía.
Recorremos una sucesión de collados, Iñaberri, Bagatxeta, Antxuela, Esquisaroy, Also y Orizqui, atravesando bosques de robles centenarios, alisos, hayedos y abetales en los parajes del Parque Natural del Señorío de Bertiz. Contemplaremos las cimas de Legate y Aizcolegui y la Sierra de Ascua. La cima del Larún nos anunciará la presencia del Cantábrico y será un punto de referencia de la etapa de mañana.
Llegamos a Etxalar, descendiendo cómodamente hacia el valle del Bidasoa
EN LA BICICLETA

Hoy salgo un poquito más tarde de lo habitual ya que prefiero desayunar caliente y abundante para compensar la mala alimentación de la cena anterior. El horario de comedor es a las 8:30 de la mañana y bajo puntual para salir cuanto antes. Aún son las 8:45 y varios clientes seguimos esperando a que se decidan a abrirnos las puertas ya que tenemos muchos kilómetros por delante. Sólo faltaba esto para terminar de formarme mi opinión del establecimiento.
Abandono Roncesvalles y sus peregrinos entre una espesa niebla y una fina lluvia. La visibilidad es nula y me da temor subir por carretera hasta el Puerto de Ibañeta. Por suerte no hay nada de tráfico. Abandono la carretera y cojo una pequeña pista cementada en los tramos de gran pendiente para coronar el Collado de Lindux y bajar hasta Banca en un larguísimo descenso.
En la mitad del descenso, un cruce importante que no está contemplado en mi libro de ruta me hace dudar y mientras me afano en buscar mi posición en el mapa, un camión de madera se dirige hacia mí. Estoy de suerte. El camionero francés, que chapurrea el español, me indica la dirección correcta y continúo descendiendo entre grandes helechos. Llego a Banca e inicio la ascensión a Elorrieta. Menos mal que la pequeña pista está asfaltada porque de no ser así, hubiera tenido que poner el pie a tierra.
En lo que llevo de etapa, he notado que hay cruces no marcados y las diferencias de distancias entre referencias son más que notables. Espero que sea circunstancial. Sigo subiendo y corono Elorrieta después de salvar rampas que se me están atragantando. Después de tantos kilómetros, pedalear dos horas al 15% y 20% se me hace demasiado, sobre todo en los primeros kilómetros. Después te terminas acostumbrando y todo.
La muga 102, referencia del collado, me dice que ya estoy en Elorrieta ya que todavía tendrían que faltarme casi un par de kilómetros para llegar según el libro de ruta. Continúan los errores en las distancias y para ser una de las etapas en las que la navegación es fundamental, voy a tener que prestar mucha atención en todas las bifurcaciones.
Cambio de vertiente por una senda hasta una casa abandonada con un pequeño arroyo y soy incapaz de encontrar una pista que en teoría debería partir desde este punto. La tensión que me genera esta situación es máxima porque tengo varias alternativas. Disminuyo el zoom del navegador del GPS y veo lo que debe ser la carretera de Utarroz. Esto me tranquiliza pero aún me queda decidir por dónde accedo a ella. Ya sabéis que una mala opción puede suponer muchas horas para recuperar el trazado y un desgaste físico considerable. Veo una senda que flanquea la ladera llaneando y una bajada de arroyo que no me da buena espina, así que opto por seguir la senda. Al principio es ciclable con algún tramo técnico, pero después hay que desmontar. Según la escala del GPS, no llega a 3 kilómetros la distancia que me separa de la carretera en la dirección en la que voy. Lo único que me preocupa es que la senda cambie de dirección bruscamente y me aleje de la carretera de enlace, con lo que tendría que regresar sobre mis pasos. Como no es así y, además, sigue llaneando, disfruto del entorno tan maravilloso en el que voy sumergido y además atravieso un bosque de grandes hayas como no había visto antes.
Por fin llego a la carretera y compruebo que estoy en el paso fronterizo del Collado de Izpegui. Las vistas de la vertiente francesa son amplísimas y espectaculares y después de deleitarme con tanta belleza, bajo por la vertiente española hacia Uztarroz y Elbetea donde comienza un calvario de esos que dejan huella y que recordarás siempre, la subida de Bagordi. Arriba llego exhausto y tengo que parar a comer. Aprovecho un merendero con fuente para descansar y con el cuerpo recuperado y con buena moral, pues ya tengo la certeza de que la rodilla va a aguantar, continúo salvando los collados que me quedan hasta Etxalar. Aun me quedan rampas duras, pero no del calibre de las anteriores ni, por supuesto, de su longitud. En otro par de ocasiones tengo problemas de navegación por errores en el rutómetro, pero por suerte voy siguiendo el trazado de forma intuitiva, procurando no perder la dirección oeste y comprobando en referencias posteriores a las erróneas que voy por buen camino.
En el Collado Bagatxeta me encuentro con un caminante transpirenaico con el que mantengo una larga conversación. Es un hombre de edad avanzada, ya jubilado y lleva una mochila y dos palos de treking. Partió de Hondarribia y su destino es Llançá y también va en solitario. Fijaos qué espíritu de aventura, con más de un mes por delante. Me pregunta por el GR y le contesto que yo he venido siguiéndolo en muchos tramos desde que partí de Figueras. Le preocupa su señalización que apenas se aprecia y que en muchos sitios ha desaparecido por completo. Después de compartir experiencias, nos despedimos, él hacia Elizondo y yo hacia Etxalar, iniciando un tramo de descenso técnico de bajada al Collado de Antxuela. Supero, a continuación, los collados de Also en subida y de Orizqui en bajada y continuando el descenso llego a Etxalar.
El pueblo es encantador y está enclavado en un valle maravilloso. Las casas están engalanadas con macetas de flores rojas que contrastan con el verde las huertas y un río recorre sus calles. Me he fijado que todas las casas son fincas individuales con su pequeña parcela de huerto o jardín y la limpieza y la decoración floral parece que es de obligado cumplimiento por orden municipal.
Paso por un hostal pero está cerrado y entro en un bar a preguntar por alojamiento. La propietaria, se toma la molestia de llamar personalmente por teléfono a un conocido que tiene casa rural a sólo unas manzanas y, mientras me tomo un refresco, acude mi casero a buscarme.
El alojamiento es sensacional. Una gran casa, de las que había visto en mi paseo por el pueblo, para mí sólo. Con terraza, jardín y todas las comodidades. Además, me dice que haga uso de todos los víveres de la despensa y de la nevera que necesite. Como él vive lejos del pueblo, acuerdo con él en pagarle en el momento y en dejarle las llaves en el comedor a mi partida. En muy pocos sitios te dan tanta confianza y eso que el beneficio iba a ser escaso al ser un sólo inquilino. La casa está decorada con gusto y es, sin duda, el mejor alojamiento que he tenido en todos los días de travesía.
Después de darle un manguerazo a la bicicleta y de darme una buena ducha, me maravillo paseando por las calles de Etxalar. Todo el pueblo parece una postal. A la hora de cenar, me acerco al bar de la señora que me ha buscado esta magnífica casa rural y compruebo que, además de amable, es una fantástica cocinera. Como hasta saciarme y le encargo la bolsa de picnic para mañana. Hace una noche estupenda y no puedo irme a dormir con esta tripa tan llena así que doy otro paseo por el pueblo y las afueras. A este paso voy a hacer más kilómetros andando que en bicicleta.
Ya en el salón de mi coqueta casa, estudio la ruta de mañana y el sueño me vence.


ALOJAMIENTO

Casa Rural Tompalenea
Tf: 948 635166 / Móvil: 689 702891
Precio: 25 euros (Todo Incluido)Fantástica casa rural. El mejor alojamiento de la travesía. Pongo un T.I. (todo incluido) porque, disponía de despensa y nevera surtida, aunque preferí no abusar de la confianza y cenar fuera.

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